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jueves, noviembre 24, 2005

Pero esta noche no hay más luna...

Una desventaja práctica de la terrible combinación entre vivir solapa y usar camisas es la necesidad de planchar. Las soluciones a este problema son variadas y van desde dejar de usarlas y disfrutar el placer de las playeras de las mil arrugas, hasta conseguirse quien haga el favor (por unas cuantas libras) de planchar la ropa.
En mis circunstancias actuales, la opción que tengo es simple: plancharme mis camisas si es que quiero usarlas. Como casi lo único que traje de México son camisas y no playeras, no me queda sino dedicarle una hora semanal o algo así al noble ejercicio de darle al burro con un ferro caliente (nótese la ausencia de la i y la letra cursiva, lo que indica el cambio al portugués).
Para una persona de mis habilidades hogareñas, planchar una prenda sin "mascarla", como se dice en el argot planchístico mexicano, es un triunfo. A pesar de ello y tras mil sesiones tutoriales prácticas de parte de mi señora madre (fuente infinita de exigencia y amor), el asunto de la planchada me sale "aceptable".
Lo malo es que para planchar necesito estar, como se diría en los 60's, en onda. No puedo simplemente agarrar la plancha y empezar a darle. Necesito ambiente musical y no cualquier música. He probado con casi todo el repertorio, desde Los Fabulosos Cadillacs hasta Luis Cobos, pasando por The Carpenters y Panteón Rococó, pero nada funciona. Bueno, casi nada.
Tengo que admitir que la única música que me pone a tono para planchar son las cumbias y las gruperas. Lo admito con las orejas rojas de vergüenza y los pies llenos de ritmo. Si utilizo música normal, pueden pasar Matador, For all we know, La dosis perfecta y el Huapango de Moncayo completo, mientras yo sigo peléandome con la misma pinche manga torcida.
Por el contrario, puedo planchar una prenda completa en tiempo récord, mientras escucho (y bailo al ritmo de) una canción del Buki (como la que da título a este post). Entre Alicia Villareal y la Sonora Dinamita puedo sacar más arrugas por minuto que nunca, mientras bailo y canto: "Y yo que te deseo a moriiiir..."
Lo sé, es una situación penosa, pero cuando me doy cuenta de que tengo 10 camisas y 10 pantalones planchados en una hora escasa, no puedo sino agradecer que la música grupera y cumbianchera sea tan útil para sacar arrugas.
Por más "raro" y gay que esto se escuche, plancharse la ropa propia tiene sus ventajas. Me ha pasado ya un par de veces, que al estar quedando de acuerdo con algunas amigas para ir a algún lado un domingo por la tarde, yo ponga cara de circunstancias y les diga: "No puedo, tengo mucho que planchar". Después de la carcajada, burla y carrilla de rigor, me pongo serio e insisto: "Es la verdad, no tengo ya camisas". Entonces se me quedan viendo con esa mirada periférica que tienen las mujeres. Sin despegar la vista de mis ojos, recorren rápidamente la ropa:

Cuello... check!
Mangas... check!
Pecho... check!
Espaldas... check!
Puños??... check!!!

Después de su rápido, pero profundo análisis, llegan a la conclusión: "No me está mintiendo, de verdad plancha su ropa y no lo hace tan mal... no es tan mal prospecto, nada más le afean la cara y el cuerpo". Cambian la burla por una sonrisa coqueta y expresan: "Bueno, si terminas de planchar, te esperamos. ¡No dejes ninguna arruga!"
Entonces hay que llegar temprano a la cita, con una camisa casi almidonada y con cara de autosuficiencia, como quien dice "no necesito una mujer para labores domésticas sino para actividades lúdicas". Y entonces ellas, alegremente, señalarán que bien se ve el tipo aquel de rastas, pantalón deshilachado y una playera que fue lavada el día que fue teñida.

Maldita plancha...

Darth Tradd
Opal Gardens
Manchester, UK

3 Comments:

Anonymous Jack Maybrick said...

Yo por eso no plancho. Por eso yporque cada vez que agarro una plancha quemo mis camisas. Por eso, y desde que me hice consultor, me uniformé: un pantalón de mezclilla azul oscuro, una camisa tipo polo gris claro o azul oscuro, un chaleco multibolsillos multiusos marrón claro o gris medio (no sabes la facha de investigador de campo que te dan, si hasta me parezco a Jaime Maussán o a Pedro Amorós pero con cerebro), calcetines negros, blanco s o grises y zapatos Flexi o Gran Emyco negros o café oscuro.

Tiene sus ventajas: la gente no se da cuenta si llevo la misma ropa de tres o cuatro días antes, o si me cambié de ropa, o ni siquiera si tengo otra ropa, peor como no se nota el uso diario, no me pueden decir nada, salvo que me veo como fotografía (sí, pero me puedo vestir con la habitación a oscuras) Si me equivoco con la combinación del día no pasa nada, porque todo se ve vien; un mínimo de arrigas en la ropa, porque el algodón se estira al fajárselo y se arruga al sentarse, y una facilidad para doblar las cosas que es un contento, únicamente tres movimientos bastan para dejar la camisa lista, y que el peso de las de arriba planche las de abajo.

Claro está que cuando la cosa es de lujo, mi mujer es la primera en encasquetarme un pantalón de vestir (que invariablemente termina roto de una bolsa porque me atoré con algún tornillo o clavo salido), una camisa de vestir, (que invariablemente termina rota de los puños o el antebrazo, al tratar de desatorar el pantalón del mismo tornillo o clavo anterior) una corbata seria, sobria, fina y decente (que invariablemente termina en el plato de la cena o en la copa de vino, cuando no se queda atorada en la puerta del elevador) y un saco de lana, que como me da comezón, y me lo quito a la primera oportunidad, termina siendo lo único que se salva de un final trágico.

Yo creo que por eso lilith me ha aguantado durante tanto tiempo, porque en vez de planchar mi ropa, termino comprandola nueva...

6:20 p.m.  
Anonymous Barra said...

Amigo mio:

Que te puedo decir yo... a mi no me gusta planchar ropa, por eso casi siempre uso playeras, tu me conoces...

Ahora recuerda bien que las mujeres busccan tipos que sean caballeros, bien portados, bien vestidos, propios, serenos, que sepan hacer de todo.... para largarse con el primer hij ode la chin,.. que ven.

Saludos y ya no hagas bilis ponte las camisas arrugadas.

PD (mis figuras)

10:11 p.m.  
Blogger Darth Tradd said...

Cierto, hay formas de darle la vuelta a este asunto de la plancha. Lo malo es cuando uno termina tomándole gusto. Al rato ya hasta se disfruta viendo como desaparecen las arrugas, al menos en la ropa.

Lalete, no desesperes, ya casi está tus figuras. Nada más me falta empezarlas.

11:34 p.m.  

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